Allez au contenu, Allez à la navigation, Allez à la recherche, Change language

  • Applications
  • Tumblr

Inicio > Article

CANNES Y RUSIA: UNA RELACIÓN AMOR-ODIO

El 12.01.2011 a las 12:00 AM

POR JOEL CHAPRON *

"Premia un americano y venderás en América; premia un ruso y dirán que eres comunista”, decía Cocteau, que sabía de lo que hablaba, él que fue presidente del jurado del festival de Cannes en dos ocasiones y presidente de honor en una. En efecto, la Unión Soviética ha sido el único país que ha sufrido tanta agitación política en torno a su presencia. Pero también en torno a sus ausencias. Durante los veinticinco primeros años del Festival, durante los cuales los países enviaban ellos mismos sus películas, las relaciones cambiaban en función de los giros políticos de los dos países, y el festival se convirtió en un factor clave en estas relaciones.

 


La Unión Soviética fue invitada al primer festival de Cannes de 1939, después de haberlo solicitado, como en el caso del resto de países, por vía diplomática. El 13 de agosto de 1939, Viatcheslav Molotov, presidente del Consejo de ministros, firmó una nota secreta dirigida al Politburó en virtud de la cual nombraba "al camarada Kormilitsin –jefe de la representación comercial de la URSS en Francia- miembro del jurado del festival de Cannes, y al camarada Polonski –director de los estudios Mosfilm- representante de la cinematografía soviética". Dos días más tarde, el Politburó ratificó la decisión y la URSS, en respuesta al favor que le concede Francia en cuanto al número de películas presentadas, escoge 4 largometrajes y 4 cortometrajes. Pero el 23 de agosto, el propio Molotov firmó con el representante de Hitler, Joachim von Ribbentrop, el Pacto de no agresión germano-soviético. Las esperanzas francesas se desvanecieron, se declaró la guerra y se canceló el festival: Kormilitsin no sería nunca miembro del jurado.

 

Durante la preparación del auténtico primer festival, Francia decidió invitar preferentemente a las naciones vencedoras, de las que la URSS forma parte. Durante esta edición de septiembre de 1946, la delegación soviética se hizo notar gracias a sus veladas en las que el caviar y el vodka se servían a discreción (la tradición se mantendría hasta la perestroika), pero cuyos invitados estaban obligados a lucir en su ojal una pequeña bandera roja con la siguiente frase: “El arte al servicio de la paz”. Sin embargo, ante los problemas técnicos sufridos durante las proyecciones de sus películas (aunque no fueron los únicos), los soviéticos denunciaron un sabotaje, comenzando entonces una larga serie de protestas paranoicas que el festival debió sufrir durante cuatro décadas. En 1949, el Comité central del Partido decidió que la URSS no participaría en el festival, al sentirse perjudicada por el reglamento que había instaurado una cuota de películas presentadas por país en proporción a la producción anual, aumentando de esta forma la cuota de películas estadounidenses. No regresaron hasta dos años más tarde, tras el consentimiento del propio Stalin. Los soviéticos enviaron al certamen siete películas acompañadas por el director Vsevolod Pudovkin y por Nikolai Cherkasov, que había alcanzado la fama gracias a sus papeles como Aleksandr Nevsky e Iván el Terrible en las películas de Eisenstein. Pero el documental soviético-chino de Sergei Gerasimov, Novyy Pekin, fue retirado de la competición por el propio festival bajo la presión del gobierno francés, que no quería "herir el sentimiento nacional" de otros países (un artículo del reglamento lo permitía) que sólo reconocen a Formosa y no la China maoísta: los soviéticos, dolidos, boicotearon las ediciones de 1952 y 1953 y regresaron, tras la muerte de Stalin, en 1954 (¡con 120 kilos de caviar en sus maletas para su famosa recepción!). A su vez, presentaron una queja contra una película sueca que “hiere el sentimiento nacional”…


Si bien es cierto que en 1955 las películas soviéticas cosecharon cinco premios (por primera vez está presente en el jurado un cineasta soviético, Sergei Yutkevitch), fue evidentemente el año 1958 el que marcó un hito: al obtener la Palme d'or (la única de la historia del cine ruso hasta el día de hoy) en pleno deshielo con Cuando pasan las cigüeñas, Mijail Kalatozov demostró la renovación soviética.

 

 

 

 

Esta hermosa película sentimental sitúa las peripecias de un amor desdichado en el marco dramático de la guerra y dio a conocer a dos actores de primer nivel, Tatiana Samoilova y Alexei Batalov, así como un director de fotografía genial, Sergei Urusevsky. A finales de los años sesenta, el festival, siempre bajo el yugo de la política francesa, pero encabezada en esta ocasión por el general de Gaulle, dio la espalda a las cinematografías estadounidense y soviética, seleccionando mayoritariamente películas europeas que, en consecuencia, cosecharon más premios. Sin embargo, las películas soviéticas, que cada año nombra el Comité central para representar al país, reciben premios de todo tipo: “premio a la película lírica (1955), “premio especial por su guión original, su calidad humana y su grandeza novelesca” (El cuarenta y uno, de G. Chukrai, 1957), “premio a la mejor participación” (1960), “a la mejor evocación de una epopeya revolucionaria” (1963), pero también, por fortuna, “a la mejor dirección” (1956, 1961 y 1966). Cuando no reciben premios (1964), los soviéticos emiten vehementes protestas en su prensa frente a las cuales el gobierno francés reacciona por vía diplomática para apaciguar los ánimos. En 1966, Robert Favre Le Bret, delegado general de la época, hizo un viaje a la URSS tras el cual el Comité de Estado para la cinematografía y la Unión de cineastas soviéticos informaron, en una carta secreta remitida al Comité central, que les había insinuado que el Doctor Zhivago de David Lean sería la película de inauguración. Así pues, ambas instituciones estimaron que la participación soviética no era deseable. Pero declaran que, finalmente, la embajada de la URSS en París “ha adoptado medidas para que el festival no se inaugure con esa película" (de Gaulle tenía que visitar Moscú en junio, una visita que conducirá a la firma de un acuerdo de cooperación cinematográfica franco-soviética en julio de 1967) y que, en consecuencia, las películas soviéticas pueden participar. En 1967, los periodistas preguntaron a la delegación soviética presente en la conferencia de prensa de Sergei Bondarchuk por Guerra y paz el motivo por el cual Andrei Rublev de Tarkovski no estaba en el festival, ante lo cual el director del Mosfilm respondió que la película no estaba preparada, lo cual era mentira. Se vendió a Francia en 1969 y se presentó ese mismo año por la sociedad que la había comprado (fuera de competición y sin la autorización del Comité para la cinematografía soviético): recibió el premio de la Fipresci (las autoridades presionan a Tarkovski para que lo rechace, porque la presidenta del Sindicato francés de la crítica era considerada como “sionista”; el Comité central dirige una severa reprimenda al ministro de Cine por el error cometido).

 

 


El final de los años sesenta y el giro de 1968 cambiaron las mentalidades y ofrecieron al festival una mayor libertad. Eso no gusta mucho a los soviéticos, que se muestran reacios a enviar películas a la nueva sección creada en 1969, la Quincena de Realizadores. Antes de la perestroika, sólo recibirá, y con mucho esfuerzo, una película de Iosseliani (que acude bien acompañada), Iko shashvi mgalobeli, en 1974, una de Mikhalkov, Pyat vecherov (1979), una de Shenguelaya, Les montagnes bleues (1985) –cuya selección no ha sido advertida por el ministerio soviético y que no lo sería hasta tres meses más tarde- y un cortometraje de Paradjanov, Return to life, que presentó clandestinamente en 1980. En 1970, la URSS no estuvo presente. Volvió en 1971 con una película que el festival rechazó inicialmente y acabó por aceptar. El mismo escenario se repitió en 1976, pero el festival mantuvo su decisión: en efecto, desde 1972, es el festival quién escoge las películas y ya no los países de los que proceden (aunque pueda suceder, como en 1975, que la presión diplomática salga vencedora). Las relaciones, de golpe, se enconan y la URSS se muestra reacia a enviar las películas que los delegados generales solicitan. Entonces, ¿acaso es fruto de un malentendido que Tarkovski recibiera por Solaris, proyectada en su presencia en 1972, el Grand Prix especial del Jurado? En efecto, ¡el intérprete del miembro soviético del jurado, emigrado desde hacía muchos años a Francia, no comprende todo lo que le dice Mark Donskoi!

 

 

Dos años más tarde, Maurice Bessy, en Moscú, le dice a Tarkovski que está dispuesto a aceptar El espejo sin verla pero finalmente lo logra y se ratifica en su deseo. Recibe como respuesta que no está preparada y se la prometen para el año siguiente. Entonces reitera su solicitud, pero sin resultado: el consejero cultural de la embajada de la URSS, durante una entrevista en el ministerio de asuntos extranjeros francés en febrero de 1975, afirmó que el "sector cinematográfico soviético rechaza (...) difundir la idea de que Tarkovski es el único cineasta soviético de clase internacional y subraya que [su] gobierno renunciaría a participar en el festival si los organizadores no aceptan seleccionar la película Oni srazhalis za rodinu, de Sergei Bondarchuk”. El festival cedió y seleccionó a Bondarchuk (sin embargo, los soviéticos, conscientes del valor de Tarkovski, lo vendieron por una fortuna en 1977 a un dúo inesperado: Gaumont y Antenne 2), pero se negó, al año siguiente, a ceder a un chantaje idéntico. ¡Los soviéticos denunciaron un "boicot ideológico"! En 1974 y 1975 se premió la animación, con un Grand Prix y un Prix especial del jurado, concedidos ambos a Fiador Khitruk, en la categoría de cortometrajes.


Mikhalkov acude a Cannes por primera vez con Neokonchennaya pyesa dlya mekhanicheskogo pianino en 1977, pero fuera de competición: en efecto, durante su primer viaje a la URSS, Gilles Jacob, a quien Maurice Bessy, delegado general desde 1972, estaba en proceso de pasar las riendas de la selección, deseaba ver Pastorali de Iosseliani, pero el Comité para la cinematografía no se lo permitió. A medio camino entre las afinidades que ha desarrollado con la URSS Robert Favre Le Bret, convertido en presidente del certamen, y la posición muy firme de Maurice Bessy ante este país que reclama una mayor presencia de sus películas en Cannes y que el ministro del cine estima que "no es gran cosa", Gilles Jacob intenta hacer encaje de bolillos. En 1979, los soviéticos rechazaron enviar Stalker a Cannes, con el pretexto de que “la película es demasiado buena y [que] la reservan para el Festival de Moscú", ¡donde evidentemente no fue presentada! Pero, al año siguiente, Gilles Jacob, gracias a subterfugios, obtuvo ilegalmente una copia que proyectó sin anunciarlo como un "programa sorpresa". A pesar de la ira de los soviéticos, la proyección ya se había celebrado y la película logró el Prix del jurado por unanimidad. En 1983, Tarkovski se presentó en Cannes con Nostalghia, con Bondarchuk en el jurado. A pesar de que este último dedicó su tiempo a criticar la película, ésta se alzó con tres premios (entre bastidores, Tarkovski se encuentró con su antiguo amigo y coguionista de Andrei Rublev, con quién había roto toda relación, Andrei Konchalovsky). Bondarchuk y Tarkovski se reencontrarían en competición uno contra otro tres años más tarde. Debilitado por la enfermedad, el último no acudió a Cannes, pero se alzó con tres premios más, mientras que Bondarchuk no obtuvo ninguno.

 

 

 

Nostalghia de Andrei Tarkovski

 

 

Arrepentimiento de Tenguiz Abouladzé

 

La perestroïka transformó las relaciones: a partir de entonces, el festival trata con los propios cineastas. De entrada, la URSS estuvo representada en competición, en 1987, por una película representativa del nuevo período que comenzaba, Arrepentimiento, de Tenguiz Abuladze (el mismo que había logrado la Palme d’or del cortometraje en 1956, el año de la desestalinización) y, a través de Italia, por Ojos negros, de Mikhalkov: Yves Montand, presidente del jurado, y Elem Klimov, miembro del jurado y defensor de la perestroika, se enfrentaron sobre estas dos películas (Montand no cree en el “arrepentimiento” de los comunistas). Arrepentimiento se alza con el Grand Prix especial del jurado, Ojos negros con el Prix de interpretación masculina para Marcello Mastroianni. Ironía del destino, el hermano de Mikhalkov, Andrei Konchalovsky, estaba en competición también con una película estadounidense, Vidas distantes, por la que Barbara Hershey logró el Prix de interpretación femenina. Finalmente, ese mismo año, Nana Djordjadzé recibió la Caméra d’or.

 


Robinzoniada, anu chemi ingliseli Papa, de Nana Djordjadzé


En 1990, se concedió este mismo premio a Vitali Kanevski, director de 55 años que presentó su primera película, tras llegar a Cannes en autostop y regresar gracias a los marinos de un navío de la flota soviética basado en alta mar. Fue también en 1990 cuando el mundo descubrió una nueva sociedad, la de Taxi-Blyuz, de Pavel Lungin, donde se enfrentan el antiguo y el nuevo mundo soviético. El año siguiente, un director considerado como maldito, Rustam Khamdamov, se presentó en competición con Anna Karamazoff, coproducida por el francés Serge Silberman, con Jeanne Moreau en el papel principal. Las desavenencias entre Khamdamov y los franceses, que no reconocen en la película el guión sobre el que se habían comprometido, estallaron incluso antes del comienzo del festival. Silberman exigió una tarjeta de introducción explicativa, Khamdamov obedeció pero, durante la proyección de prensa, su asistente puso la mano delante del proyector para impedir la lectura. Por la noche, Jeanne Moreau pataleó sobre su asiento. La película fue confiscada por Silberman, que declaró que no la mostraría nunca más (de hecho, incluso después de su muerte, la película sigue sin poderse ver).

 

 

Firma de Pavel Lungin.

 


Desde el inicio de los años noventa, cesaron los escándalos, las intrigas y los chantajes políticos relacionados con el cine ruso. Esta cinematografía ha adquirido un derecho: es tratada como las demás, lo que, a los ojos de algunos rusos, suena como un paso atrás. Desde entonces, sucede que no exista ninguna película rusa en competición (1995, 1996, 1997, 2004, 2005, 2006, 2008, 2009). En algunas ocasiones, que la codiciada Palme se escape (Mikhalkov se marchó defraudado a pesar de su Grand Prix por Quemado por el sol en 1994, y se fue con las manos vacías con Utomlyonnye solntsem 2 en 2010). Raramente, que un director en competición no acuda (Sokurov en 2007, a pesar de ser el director ruso seleccionado en competición con mayor frecuencia desde hace doce años: cinco de las siete películas rusas seleccionadas son suyas). El Festival de Cannes refleja hoy en día, mediante sus selecciones y sus no selecciones, el estado del cine de autor ruso actual.


 

LEER >>> LA HISTORIA DEL CINE RUSO

 

 

* Joel Chapron es intérprete de ruso, corresponsal extranjero del Festival de Cannes, responsable de los países de Europa central y oriental en Unifrance, profesor asociado en la universidad de Avignon, autor de numerosos artículos sobre las cinematografías de Europa del Este y redactor de la nueva edición del Diccionario del cine (Larousse).

 

El Festival de Cannes agradece a los autores su contribución desinteresada.

Facebook Twitter Imprimer