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POLONIA
En Francia, si evocamos el cine polaco, algunos nombres acudirán rápidamente a nuestra mente: Polański, Wajda, Kieślowski, Zuławski, Skolimowski, y quizás Munk Kawalerowicz Has, para personas más mayores o más cinéfilas, Krzysztof Zanussi o incluso Agnieszka Holland. ¿Pero quién conoce a Wanda Jakubowska, Stanisław Rożewicz, entre los antiguos, Jan Jakub Kolski, Krzysztof Krauze, Philip Bajon, Piotr Szulkin, cineastas aparecidos a partir de los años ochenta o Małgorzata Szumowska entre los de la nueva generación?
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| Roman Polański | Andrzej Wajda | Krzysztof Kieślowski | Andrzej Zuławski |
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| Andrzej Munk | Jerzy Skolimowski | Jerzy Kawalerowicz | Wojciech Has |
![]() | Krzysztof Zanussi | Agnieszka Holland | ![]() |
Actualmente, el cine polaco ya no está en la primera fila de la escena internacional: estrenos ocasionales (solamente una o dos películas al año desde hace más de 15 años), ausencia de obras de referencia (la última fue publicada en 1992) y de artículos periódicos consagrados a esta cinematografía… Es lo mismo que sucede a nivel político. Desde los años “Solidarność” y la integración de Polonia en la UE en 2004, Polonia parece haber regresado a una etapa anterior: a la época en que Alfred Jarry declaró en diciembre de 1896 acerca de su obra Ubú rey, “la acción se sitúa en Polonia, es decir, en ninguna parte”. ¡Sin embargo, fue casi en el mismo momento en que Bolesław Matuszewski publicaba “Una nueva fuente de la historia” y que dos inventores desarrollaban el “pleograf”, un precursor de la cámara cinematográfica!
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| Sede de la Escuela nacional de cine de Łódź |
El cine polaco conoció un período de esplendor durante cuatro décadas, entre 1955 y 1995, desde la aparición de las primeras películas de Andrzej Wajda, y de las de Andrzej Munk, Jerzy Kawalerowicz, y Wojciech Has, que se encuentran en el origen de la Escuela Polaca. A partir de las ruinas ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial, el cine renació de sus cenizas. Al igual que sucedió en la URSS, el cine polaco fue nacionalizado. La empresa estatal “Film Polski” reunía la producción, la distribución, las salas de cine y todos los sectores de la industria cinematográfica, así como la educación. El contexto socioeconómico de la posguerra tuvo como consecuencia conceder al cineasta un estatus muy particular, cercano al concedido a los escritores, poetas y pintores, mucho antes de la aparición de la noción de política de los autores, tan apreciada por los fundadores de la Nouvelle Vague en Francia.
Y, aprovechando este impulso brillante y coronado por premios en los mayores festivales de cine, otras generaciones recuperaron el testigo durante las décadas siguientes: “La nouvelle vague de los años sesenta” (Roman Polański y Jerzy Skolimowski), el “Cine de la Inquietud moral” (Kieślowski, Krzysztof Zanussi,...), la escuela documental (Marcel Łożinski,..), el cine de animación (Jan Lenica y Walerian Borowczyk), el cortometraje...
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| Jerzy Toeplitz | Wanda Jakubowska |
Lo que no sabe mucha gente es que esta eclosión podría haber visto la luz veinte años antes: jóvenes cineastas se reunieron para crear el grupo START, pero a causa de un entorno socioeconómico difícil combinado con la inminencia de la guerra, no pudieron llevar sus proyectos a buen puerto. Este grupo vio la luz en 1930 en Varsovia. Entre ellos figuraban Jerzy Toeplitz, que se convertiría en un importante historiador de cine o la directora Wanda Jakubowska. Este grupo creó un cineclub que fomentaba las películas ambiciosas, “artísticas”, organizando proyecciones, lecturas, críticas cinematográficas y ejercitándose también en la dirección.
La eclosión de la Escuela Polaca también descansaba sobre un aspecto original y específico polaco: en 1955, a propuesta de los propios cineastas, se crearon unidades de producción (entidades semiautónomas) que sustituyeron una producción estática gestionada por la propia administración. La idea se remontaba a la época de entreguerras, cuando la vanguardia deseaba la creación de dichas estructuras para liberarse de las presiones comerciales. En este caso, se trataba principalmente de liberarse del yugo de la administración y de confiar la gestión del cine a los artistas. Stalin había abandonado la dirección de la URSS en 1953, generando una cierta liberalización, en especial en los países satélite, con el octubre polaco en 1956. A pesar de eso, el Estado conservaba un determinado derecho de tutela sobre las películas: en el momento de la aceptación del guión y una vez que la película estaba terminada, en el momento de su entrega, y cuando el Estado se convertía en distribuidor de la película. Este sistema perduró hasta 1989. Es posible comprobar hoy en día que la censura no siempre jugó su papel, permitiendo rodar algunas películas y autorizando otras bajo reserva de modificaciones. A pesar de todo, en algunas épocas, la censura pudo funcionar sin dificultades, como en 1968, cuando se ordenaron purgas para excluir a los judíos de los dirigentes del cine o después del 13 de diciembre de 1981. "El Estado de guerra fue mortal para nosotros, ya que nos dejó sin público. Cuando regresé tras años de ausencia, constaté que el público que iba a ver las películas polacas, estimulando así su creación, ya no existía", lamentaba amargamente Agnieszka Holland.
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"¡Wajda! El hombre de mármol, mi primera película sorpresa en 1978 (acababa de llegar). Para traerle fraudulentamente, Tony Molière, su distribuidor, había puesto las bobinas en viejas cajas totalmente oxidadas. Le hice jurar que no se lo diría a nadie. "¿Qué puedo marcar en la etiqueta para la aduana?, me preguntó Tony. – Un título falso… Escribe Escupiré sobre tu tumba, al menos así me acordaré…" Así fue como bajamos, mis hijos y yo, en pleno Festival, al apartamento en Cannes que alquilaba Tony, en el rellano del cual nos aguardaban las famosas bobinas. Como los niños eran muy pequeños y las peripecias rocambolescas despertaban su imaginación, el conductor, una copia de Eddie Constantine, adoptó una conducción deportiva, y los chirridos de los neumáticos en las curvas les hacían gritar de excitación. En todo caso, la presentación de El hombre de mármol recibió el beneplácito del New York Times, y, por primera vez en el caso de una película, se le dedicó un editorial en las páginas de política".
Gilles Jacob en La Vie passera comme un rêve, ediciones Laffont, 2009 El hombre de mármol, Andrzej Wajda, 1977
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Polonia fue el primero, entre los países de Europa Central y Oriental, en liberarse del yugo soviético, cuando en junio de 1989 las elecciones llevaron al poder a los miembros de Solidarność. Y cinco meses más tarde, cayó el muro de Berlín. Polonia, y como consecuencia también el cine, se disponía a conocer el sistema liberal y la economía de mercado. Pero no fue hasta 2005 cuando Polonia promulgó finalmente una nueva ley sobre el cine, inspirada en parte en la ley francesa, y eso después de años de discusiones entre los gobiernos, el Parlamento y los artistas polacos. Esta ley instauró un Instituto del cine polaco (PISF), un Fondo de apoyo para la producción, la distribución, la promoción de las películas en el extranjero y la enseñanza del cine. Este fondo para el cine tuvo como consecuencia un aumento sensible del número de películas y de los presupuestos de las películas, en la medida en que las subvenciones eran más cuantiosas que antes.
Polonia dispone hoy en día de las estructuras necesarias, de una auténtica industria del cine, de grandes estudios, de escuelas de cine, y de una auténtica política en la materia. Pero el cine polaco ya no ocupa un lugar en la primera fila internacional desde la desaparición de Kieślowski. Desde la desaparición de los miembros más distinguidos de la Escuela Polaca, Wajda continua imperturbablemente haciendo películas, prepara una película sobre Lech Walesa, tras haber realizado una película sobre Katyn, que cosechó un gran éxito en Polonia, pero no tanto en Francia. Es la figura prominente del cine polaco. Nuevas generaciones de cineastas continúan apareciendo, pero hoy en día sus películas se enfrentan a las mismas dificultades que experimenta cualquier otro cineasta. Es difícil adivinar qué lugar ocupará el cine en los próximos años. Pero lo cierto es que las condiciones se dan en Polonia para que aparezca un nuevo movimiento o grandes personalidades. Quizás entre aquellos que se denominan “The Polish Bastards”, que agrupan a jóvenes cineastas nacidos en el extranjero, de origen polaco y que trabajan ahora en Polonia, entre los que se encuentra Rafael Lewandowski, que presenta este año en Polonia su primer largometraje de ficción: Kret (el padre).
Polonia en Cannes
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¡El cine polaco es quizás la cinematografía del mundo que posee un vínculo más estrecho y congénito con el Festival de Cannes! Y eso se debe a motivos muy particulares: la primera edición del Festival de Cannes tendría que haberse celebrado del 1 al 10 de septiembre de 1939. Ese mismo 1 de septiembre, la invasión de Polonia por Adolf Hitler, provocó la anulación y el aplazamiento del certamen. Pocos países pueden jactarse de una influencia como esa…
Tras este episodio histórico, la primera película polaca que fue premiada por el Festival fue Kanał, la segunda obra de un joven cineasta polaco, Andrzej Wajda. Premio especial del Jurado en 1957, esta película marcó el nacimiento de la Escuela Polaca y el reconocimiento del cine polaco a nivel mundial. Pero Kanał está lejos de ser el primer largometraje polaco seleccionado en el Festival de Cannes. Ya en 1951, a pesar de que la producción polaca no sobrepasaba las cuatro películas al año, se presentó Robinson warszawski de Jerzy Zarzycki, adaptada libremente del guión del gran novelista Miłosz.
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| Kanał, Andrzej Wajda, 1957 |
En 1961, Jerzy Kawalerowicz, también procedente de la Escuela Polaca, recibió el premio especial del Jurado por Madre Juana de los Ángeles. Aquel mismo año falleció en un accidente automovilístico Andrzej Munk, otro cineasta de la Escuela Polaca, mientras concluía el rodaje de La pasajera. El Festival le rindió homenaje en 1964, mientras que su ayudante, que había concluido la película entre tiempo, recibió en Cannes el Premio de la Crítica Internacional.
Durante la edición de 1968, Polonia estuvo doblemente representada: Roman Polanski fue miembro del jurado y una película muy peculiar de un joven cineasta fue seleccionada en Competición: Los días de Mateo de Witold Lesczysnki. Pero el Festival fue interrumpido, así que nunca sabremos lo que habría pasado con esta película.
Hubo que esperar a la década siguiente para que el cuarto gran cineasta de la Escuela Polaca fuera reconocido: Wojciech Jerzy Has recibió el Premio del Jurado en 1973 por Sanatorium pod klepsydra.
Sanatorium pod klepsydra, Wojciech Jerzy Has, 1973
La nueva generación también estuvo muy bien representada, en especial con Krzysztof Zanussi, tres veces en Competición a lo largo de la década con Zycie rodzinne (1971), Spirala (1978) y Constans (Premio del Jurado en 1980). Y fue galardonada: Jerzy Skolimowski en 1978 con El grito (Gran premio especial de Jurado), una película realizada en Inglaterra.
El grito, Jerzy Skolimowski, 1978
En el transcurso de la década siguiente, Andrzej Wajda obtuvo la Palme d’or por El hombre de hierro, una película llegada en el último momento y cuya realización tuvo que superar numerosos obstáculos. Sin duda, Wajda es el cineasta polaco más premiado en Cannes, pero nunca presidió un Jurado, ya que se negó a juzgar a sus colegas.
En el paso de la década de los 80 a la de los 90, el cine polaco fue consagrado gracias a la obra de Krzysztof Kieslowski. Galardonado en 1988 con No matarás y en 1991 con La doble vida de Verónica (premio de la FIPRESCI), el cineasta presentó Tres colores: rojo en Competición en Cannes en 1994, tras haber presentado Azul en Venecia y Blanco en Berlín.
La doble vida de Verónica, Krzysztof Kieslowski, 1991
Tres colores: Rojo, Krzysztof Kieslowski, 1994
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| Krystyna Janda en El interrogatorio, 1990 |
En 1990 se produjo un hecho excepcional: Polonia estuvo representada con cuatro películas, tres de ellas dirigidas por jóvenes cineastas. Krystyna Janda obtuvo ese año el premio de interpretación femenina por su magnífica actuación en una película que estuvo prohibida durante varios años en Polonia, El interrogatorio, de Ryszard Bugajski. El año siguiente, Roman Polański fue presidente de un Jurado muy poco ortodoxo. Diez años más tarde, obtuvo la consagración suprema por una de sus películas más hermosas, El pianista, Palme d'or en 2002.
El pianista, Roman Polanski, 2002
Desde entonces, Polonia ha estado prácticamente ausente de la Selección oficial a excepción de 2006, cuando Słamowir Fabicki obtuvo una mención especial del Premio Ecuménico por Z odzysku (Un Certain Regard,) y cuando la primera película de Adam Guziński, Chlopiec na galopujacym koniu, se presentó fuera de competición.
Pero admitamos que con un palmarés como este y los talentos que componen el cine polaco, volver al primer plano de la escena no es una utopía.
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| Z odzysku, Słamowir Fabicki, 2006 | Adam Guziński, Chlopiec na galopujacym koniu, 2006 |
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POR CHRISTIAN SZAFRANIAK, historiador de cine, especialista en Polonia.
El Festival de Cannes agradece a los autores su contribución desinteresada.







































