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El Diario 2010

19 de mayo
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Entrevista con Atom Egoyan

El 19.05.2010 a las 12:00 AM - Actualizado el 22.05.2010 a las 11:14 AM

Fue en 1989 cuando el Festival de Cannes descubrió a Atom Egoyan. El cineasta canadiense acudió para presentar Speaking Parts, su tercer largometraje. Al igual que Exotica (1994), De Beaux lendemains (Grand Prix en 1997) o Adoration (2008), las películas del director han sido seleccionadas periódicamente en Competición. Miembro del Jurado de los largometrajes presidido por Francis Coppola en 1996, este año será presidente del Jurado de la Cinéfondation y de los cortometrajes.

En 1996, fue miembro del Jurado de los largometrajes. ¿Que representó esta experiencia para usted?
Es el sueño de cualquier cinéfilo estar en el reino del cine. Vi excelentes largometrajes y fue una competición sorprendente. Estaban Rompiendo las olas, Secretos y mentiras, Fargo, la primera película de Arnaud Desplechin, y la película de Kaurismaki… una obra increíble. Estábamos superados por la calidad de la Selección... y Francis Ford Coppola, era el presidente del Jurado... Fue una inmersión completa e intensa en el mundo del cine. Fue notable. En cierta manera, también cambió mi carrera, porque me permitió centrarme en mi trabajo en lugar de dirigirme hacia películas más propias de Hollywood.


Desde su punto de vista, ¿qué criterios debe reunir un joven cineasta para tener éxito con su primera película?
Para empezar, creo que hay que encontrar un lenguaje para explotar su pasión, de forma elegante y profunda al mismo tiempo. ¡Eso no es fácil! Creo que una película novel se dirige con un deseo tan profundo de explicar una historia que la cuestión es encontrar una forma de poder comunicarla a los demás.


¿Qué impacto puede producir una película novel sobre la trayectoria naciente de un director?
Es inestimable. Quiero decir que es un medio de diferenciarse del resto del mundo. Es al mismo tiempo la expresión de su capacidad para comunicarse y un bosquejo de la obra que desea hacer. También es bastante peligroso porque hay directores que evolucionan más progresivamente. Por lo que respecta a mi carrera, por ejemplo, mi primera película fue brutal. Fue con mi segunda y tercera película cuando comencé a establecer mi voz. Dar en el clavo con una película novel no es necesario, pero cuando se consigue, ¡es bastante sorprendente!


¿Cree que el camino más rápido hacia un largometraje es un corto?
Se trata de dos lenguajes diferentes. Hay directores que utilizan el cortometraje como tarjeta de visita para el largo y otros que se sienten bien con este formato. Hay personas que realizan una carrera totalmente dedicada a los cortometrajes, igual que hay escritores que sólo escriben novelas. Así que no creo que el cortometraje sea necesariamente un billete de entrada para el largometraje.


Para usted, ¿qué importancia puede adquirir un cortometraje en la carrera de un director?
Diría que la cuestión es saber si las historias que se desean contar necesitan un formato corto o uno largo. Mis primeras películas estaban estructuradas para ser cortos. Siguen siendo importantes para mí porque así fue como aprendí la profesión. Nunca asistí a una escuela de cine y fueron un buen aprendizaje. Más adelante, cuando regresé a la dirección de cortometrajes, fue para hacer películas de encargo. Para ser honesto, como artista, mi formato es más bien el formato largo. Es un auténtico desafío explicar correctamente un cortometraje. La última vez que formé parte del Jurado, debíamos juzgar también los cortometrajes y es sorprendente hasta qué punto es un trabajo hermoso. Es algo muy raro.


Explíqueme su primera vez en Cannes.

Es difícil de expresar. No lograba dormir. Nunca me sentía cansado. ¡Era tan estimulante! Era increíble codearse con todos esos directores, esos periodistas, un mundo de fanáticos del cine, como yo. Recuerdo la primera vez que puse los pies en el Grand Théâtre Lumière, casi se me caían las lágrimas porque este lugar parecía un altar.


En su opinión, ¿hasta dónde puede llegar el cine?
El límite lo marca nuestra imaginación. ¡El cine es una forma artística tan vinculada con el subconsciente y la forma en que soñamos! Realmente, el único límite es nuestra incapacidad para soñar. Es inconcebible.


¿Unas últimas palabras?

Creo que el Festival de Cannes representa realmente la constatación de que esta forma artística sobrevivirá. Cada vez que vengo aquí,  me siento revitalizado gracias a este extraordinario sentido de la esperanzo que transmite el cine. Creo que la fuerza del Festival de Cannes radica en garantizar la buena salud del cine.


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